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El Palacio de Charlottenburg: la perla barroca de Berlín

El Palacio de Charlottenburg: la perla barroca de Berlín

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El Palacio de Charlottenburg, uno de los lugares más encantadores de Berlín.

Uno de los lugares más bonitos de una visita a Berlín es el Palacio de Charlottenburg. Ubicado al noroeste del centro de la ciudad, el palacio es un hermoso ejemplo de la arquitectura barroca del siglo XVIII. Sobre la cúpula del edificio, reconstruido en los años 50 del siglo pasado, la diosa Fortuna gira con el viento y mira a Berlín.

Sus jardines tienen 55 hectáreas y son también dignos de un paseo. Combinan elementos de jardinería del rococó, el romanticismo y el barroco. Con sus árboles centenarios, sus flores y sus fuentes, es una fiesta para los sentidos.

UN PALACIO SÍMBOLO DEL INICIO DE UNA NUEVA ERA

El Palacio de Charlottenburg se comenzó a construir a finales del siglo XVII. En ese entonces,  Brandenburgo comenzó a convertirse en Prusia. El viejo principado de raíces medievales se convirtió en un reino y uno de los símbolos de esa transformación fue el palacio.

Prusia surgió como reino europeo y la familia reinante en Berlín quería jugar en la primera liga continental. Federico I de Prusia -el primer rey prusiano – decidió construir una nueva residencia a las afueras de su capital, Berlín, para cimentar esa aspiración de grandeza. Nacía una nueva potencia y Berlín comenzaba a dejar de estar en los márgenes de la historia de Europa.

El nieto del primer Federico, Federico II el Grande, residió aquí. Sería él quien establecería definitivamente a Prusia como potencia europea. Federico el Grande gobernó desde aquí durante sus primeros años en el trono. Después decidiría alejarse aún más de Berlín y se trasladó a Potsdam.

Fachada del Palacio de Charlottenburg en Berlín.

LA REINA LUISA, EL CORAZÓN DE UN REY Y UN EMPERADOR

Otra figura importante de la monarquía prusiana que vivió en Charlottenburg fue la reina Luisa. Nacida antes de que la idea de crear Alemania como estado unificado ganase muchos adeptos, se convertiría después de su temprana muerte, en uno de los símbolos del nacionalismo alemán. Su hijo, el káiser Guillermo I, llegaría a ser el primer emperador alemán y alimentaría el mito de su madre como encarnación de las virtudes prusianas.

Ella fue una figura muy popular hasta principios del siglo 20. Algunos la han comparado con Lady Diana de Inglaterra. Su mausoleo, construido por encargo de su marido, puede ser visitado en el parque del palacio de Charlottenburg.

Allí fueron enterrados durante las décadas posteriores:

  • su marido, Federico Guillermo III de Prusia, llamado el Rey Beato;

  • el corazón de su hijo Federico Guillermo IV, llamado el Romántico;

  • los restos de su otro hijo, el káiser Guillermo I.

LA II GUERRA MUNDIAL Y LA POSTGUERRA EN EL PALACIO DE CHARLOTTENBURG

El palacio dejó de ser utilizado por la familia real a finales del siglo 19. Desde entonces se convirtió en un museo.

Las bombas de la Segunda Guerra Mundial destrozaron el 60% del edificio. Una parte importante de los muebles y pinturas, se salvaron escondidas en bunkers y sótanos.

En los primeros meses después del final de la guerra, los berlineses saquearon las ruinas en busca de material para calentar sus hogares. Casi 250 años después de haber sido inaugurado, como símbolo de la aspiración de grandeza de Prusia, el Palacio de Charlottenburg era un ejemplo inequívoco de la derrota total de esa aspiración.

¿UN NUEVO COMIENZO PARA EL PALACIO DE CHARLOTTENBURG?

Cuando uno se para hoy frente al palacio, es difícil imaginar que lo que uno ve no tiene ni 100 años. Son las fotografías de finales de los años 40 y principios de los 50 las que nos lo confirman. Ese edificio señorial tiene tan solo unas pocas décadas.

Charlottenburg fue destruido, al igual que el Palacio Real de Berlín, en la Isla de los Museos cerca de Alexanderplatz. Los bombardeos aliados durante la guerra, causaron a ambas edificaciones daños importantes. Después de la guerra, la prioridad era otra y estaba muy clara: vivienda para los millones de alemanes que lo habían perdido todo.

Las dos ruinas representaban un tiempo pasado. La monarquía había caído en 1918. La Alemania administrada por los soviéticos, los norteamericanos, los británicos y los franceses, quería mirar adelante. El que el Palacio de Charlottenburg haya sido reconstruido es un pequeño milagro.

¿RECONSTRUIR UN SÍMBOLO DEL IMPERIALISMO Y EL MILITARISMO?

En 1945 Hans Scharoun – el arquitecto que años después diseñaría la mítica Filarmónica de Berlín – era inspector de obras del ayuntamiento de Berlín. Él pidió a las autoridades aliadas que tratasen de salvar los palacios de Berlín. Su única aliada era la directora de la fundación a cargo de los palacios prusianos en Berlín, Margarita Kuehn. La respuesta que recibieron de la autoridad fue clara:

“No es nuestra tarea salvaguardar edificaciones que son tan solo expresión del imperialismo prusiano”.

Los comandantes de las cuatro potencias estaban de acuerdo: recordar a Prusia no era recomendable. En 1947, los aliados decretarían la disolución definitiva de este estado nacido en el siglo 16 y que en ese mismo siglo había a ser una potencia continental. Este fue el argumento:

«El estado de Prusia, (…) siempre ha sido el vehículo del militarismo y la reacción en Alemania”.

UN MILAGRO DE LA GUERRA FRÍA: LA RECONSTRUCCIÓN DEL PALACIO DE CHARLOTTENBURG

Fue la división de la ciudad la que salvó al Palacio de Charlottenburg. Berlín quedó dividida en 1948 en dos ayuntamientos de ideologías distintas. El Palacio Real de Berlín estaba en el área controlada por los soviéticos. Charlottenburg quedó en el área británica.

Los comunistas decidieron, en 1950, dinamitar la ruina del Palacio Real. Era un paso consecuente con la percepción que hasta ese momento habían compartido con sus aliados occidentales.

Los tiempos habían cambiado. Para Occidente ya no era central borrar las huellas del “imperialismo prusiano” sino diferenciarse del imperialismo soviético y de la historia del Muro de Berlín.

Decidieron ser más respetuosos con la herencia arquitectónica y comenzaron el proceso de cuidado de las ruinas del Palacio de Charlottenburg que derivaría luego en su reconstrucción.

Americanos, británicos y franceses dejaron de ver en Charlottenburg un símbolo de un reino enemigo y pasaron a verlo como una ocasión para demostrar que eran mejores que los soviéticos. Así, la guerra fría permitió que el rococó prusiano recuperase una de sus obras importantes.

LA RECONSTRUCCIÓN DEL PALACIO DE CHARLOTTENBURG

“El ver el edificio en ruinas no era desolador, porque siempre tuve el estado intacto de ayer y por lo tanto también el estado restaurado de mañana delante de mí”. Margarita Kuehn.

Entre 1943 y 1945, 1700 edificaciones del “Imperio alemán” fueron fotografiadas de forma sistemática por orden de Adolf Hitler. Más de medio millón de diapositivas salvaron así, para generaciones futuras, imágenes del patrimonio que se perdería durante la guerra. Entre esas fotografías había 400 del Palacio de Charlottenburg.

La reconstrucción no solo se redujo a la reproducción de las fachadas, sino que incluyó también muchos de los espacios interiores. Muchos de los muebles y pinturas volvieron y hoy uno puede pasear por los salones del palacio con la sensación de que nada se perdió.

Lor jardines del Palacio de Charlottenburg en Berlín.

VISITAR EL PALACIO DE CHARLOTTENBURG HOY

En Berlín tenemos al menos 36 palacios. Los hay grandes y los hay pequeños. Algunos, como el que se encuentra en la Isla de los Museos, son tan sólo fachadas que nos hacen recordar lo que hubo. Otros, cómo el de Koepenick o el de Glienicke, están alejados del centro. Charlottenburg, en cambio, está muy cerca y es un edificio que nos permite revivir el siglo XVIII y el XIX.

Visitarlo, ya sea para ver su fachada y pasear por sus jardines o para conocer sus salas, vale mucho la pena. Mientras la entrada a los jardines es gratuita, el palacio alberga un museo de pago.

Además, alrededor del palacio se encuentran dos museos de Berlín de pintura y se puede aprovechar el tiempo visitándolos también:

  • Museo Berggruen: Una colección excepcional de Picasso, Giacometti, Klee y otros clásicos de la modernidad.

  • Museo Scharf-Gestenberg: Con obras de Goya, Magritte o Dalí y el mundo del surrealismo.

CÓMO LLEGAR AL PALACIO DE CARLOTTENBURG

En metro: líneas U2 Estación Sophie Charlotte Platz y U7 estación Richard Wagner Platz (en ambos casos después hay que hacer una caminata de más de 1 kilómetro).

En autobús: línea M45, parada Schloss Charlottenburg.

A pie: Desde el ayuntamiento de Charlottenburg.

Con nuestros Tours privados de Berlín, en particular con el Tour Berlín Total.

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